Hay algo peor que cagarse… (y no es el confinamiento por covid-19)

Una de las cosas más desagradables y puñeteras del síndrome del intestino irritable es tener un accidente o bathroom accident, que en inglés todo queda mejor.

«Tener un accidente» es la forma fina de decir que te ha venido un retortijón, un arrechucho, un episodio de diarrea… y por el motivo que sea no te ha dado tiempo a llegar al baño.

Y si no te ha dado tiempo a llegar al baño muy probablemente te hayas cagado encima. Es así.

El problema no es ser una persona adulta.

El problema no es ser una persona adulta y cagarse encima.

El problema es ser una persona adulta y cagarse encima fuera de casa.

Si alguna vez te ha pasado, seguro que no lo has olvidado. Lo recordarás como uno de los momentos más embarazosos y comprometidos de tu existencia. Seguramente pensarías: «Tierra trágame». Y la puñetera tierra no quería tragarte.

Pero te diré que hay algo todavía peor: ser una persona adulta, cagarse encima fuera de casa y tener solamente una muda de ropa interior.

Y, según nos cuentan los amigos de Strambotic, eso fue precisamente lo que le pasó al intrépido Colin O’Brady, que después de cagarse encima tuvo que estar con la misma ropa interior durante 38 días, ahí es nada.

Todo empezó cuando en 2018 al bueno de Colin le dió por cruzar la Antártida en solitario y sin asistencia. Casi 1.600 kilómetros en 54 días, que se dice pronto…

Total, que después de 15 días de expedición, en una noche de desánimo (¿A quién no le da un bajón en plena noche antártica, solo, sin comida decente y con un frío de la hostia?) nuestro aguerrido aventurero se pegó un atracón de barritas energéticas.

Mala idea.

Al día siguiente, se mascaba la tragedia: El contenido de las barritas energéticas provocó una diarrea a O’Brady, que no supo interpretar las señales de los inusuales gorgoteos de su estómago y cuando un rato después le vino un retortijón pensó que sería buena idea dejar salir algunas ventosidades para aliviar su dolor de tripa.

Desgraciadamente no fue aire lo que salió de su cuerpo…

Lo cual no hubiera sido tan terrible si Colin no hubiera tenido un único par de calzoncillos para toda la travesía.

A pesar de todo, 38 días después O’Brady consigió llegar al otro lado de la Antártida en una heroica última etapa de infarto.

Puede que Colin O’Brady no llevara los calzoncillos más limpios del mundo cuando llegó a la meta, pero sí fue la primera persona en cruzar el sexto continente arrastrando un trineo en solitario y sin asistencia.

Así que la próxima vez que tengas un accidente o que un episodio de intestino irritable te ponga en un aprieto, piensa en Colin.

Si él pudo, ¡nosotr@s también podemos!





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