Al agua patos con intestino irritable: una (difícil) experiencia en la piscina municipal.

Cuando tienes intestino irritable, colon irritable, llámalo X… a veces quieres matar a l@s profesionales que diseñan los baños públicos. El de la piscina municipal de mi barrio es uno de ellos.

Todo en los baños de esa piscina es un despropósito. En primer lugar el papel higiénico se encuentra fuera de las cabinas, y no precisamente cerca. Como si fuera tan fácil calcular cuánto papel vas a necesitar cuando visitas el w.c., con el previsible resultado de que al final o te pasas, y despilfarras el papel, o no llegas y se produce la tragedia. Además resulta súper agradable cruzarse con gente desconocida papel higiénico en mano y que todo el mundo sepa de dónde vienes y a dónde vas…

Me pregunto si esos baños estaban destinados originalmente a los habitantes de Liliput, porque sino no me explico que sean tan estrechos. Resulta muy complicado utilizar esos inodoros con la puerta cerrada debido a la falta de espacio. Vamos que para poder colocarte te tienes que poner en diagonal y aprovechar el espacio de la esquinita. Eso o plegarte sobre ti misma, dividirte en dos y dejar la mitad de tu cuerpo fuera. Y como seas una persona grandota o embarazada, despídete.

Otra buena noticia es que las puertas de los baños no tienen pestillo y cierran regular, así que si por un milagro has conseguido colocarte de manera que puedas usar el w.c. con la puerta cerrada, todavía tienes que sujetarla fuertemente con una mano para que no se abra. Por no hablar de que las paredes no llegan hasta el suelo y cualquiera puede verte por debajo.

Eso sí, las cisternas funcionan bien y hacen el ruido suficiente como para que puedas tirarte todos los pedos que necesites con total discreción.

Bueno pues en este marco incomparable me entró la diarrea de mi vida (otra más, se entiende). Por supuesto calculé mal el papel que necesitaba. Menos mal que en la mochila llevaba mi kit de supervivencia con papel higiénico y toallitas húmedas.

Conseguí encontrar un baño más o menos limpio y tuve que adoptar la posición de la cigüeña y apoyarme sobre una sola pierna para poder cagar en semejante micro-baño.

Desgraciadamente, la situación empeoró cuando llegó la hora de limpiarme porque era prácticamente imposible hacerlo sin una dilatada experiencia en el difícil arte del contorsionismo, lo cual no es mi caso. Todo ello sin dejar de sujetar la puerta, por supuesto.

A estas alturas ya tenía ganas de llorar. Pero por mucho que llorara el culo no se me iba a limpiar solo, así que no me quedó más remedio que sobreponerme a la tristeza y al hartazgo de tener que pasar por estas situaciones demasiado a menudo, limpiarme pacientemente y tratar de disfrutar de lo que quedaba de tarde en la piscina encomendándome al cielo para que no me diera otro dolor de tripa…

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